Miscelaneas del Río de la Plata

La sopa no es un juego. Las letras se hacen jugo


lunes, 30 de julio de 2012

De viajeros y migrantes

Llaves y billetes están todavía en la cartera y las monedas en la billetera. Nada puedo usar aquí.
No hay puerta para esas llaves ni las monedas son de cambio de este lado del río.
Es curioso el inconsciente. No me deja estarme aquí completa. Una parte queda allá y no logro traerla.
Siguen allí, en la cartera, queriendo ser cotidianos sin serlo. Y en ese querer inoficioso el corazón queda trunco

¿Hay algo mas frustrante que un corazón a medias?

A un amigo le pasó cuando volvió de sus vacaciones. Le desesperaba no poder conectar con su lugar, su gente y sus cosas.
A todos nos pasa, le decía yo, el tiempo te va a acostumbrar...
No quiero! No me quiero acostumbrar! Contestó.
Nadie quiere pensé yo y lo alenté -con un dejo de tristeza- a que soñara su deseo para hacerlo realidad.

A mí me había pasado muy fuerte con México.
Hay lugares en los que nos enamoramos y no hay nada que hacer. El corazón es el peor de los tiranos.
Nos enamoramos del lugar, de su gente, sus colores, sus luces y sus sombras. Y de lo que todo eso nos hace sentir.
Ser y no ser, el irse pensando en volver. Esa mezcla de placer y dolor, nos canta la canción.

La fragmentación es mucho más cotidiana de lo que se cree. A cada paso y cada vez más naturalmente.
Pero cuando vemos que en realidad podríamos estar en ese lugar, hacerlo nuestro y quedarnos allí...
Entonces la fragmentación, aunque débil, se vuelve crítica y angustia.
Todo migrante que ha vuelto a su país después de un tiempo describe la misma sensación: no soy de aquí ni soy de allá.
En donde esté soy extranjero. En cualquier sitio, soy de acá. Y cuando vuelvo, soy el que me fui.
En sueños conocí el universo pero nunca migré de veras.
Solo me escapé alguna que otra vez a ver el mundo y aquí estoy: con sus llaves y monedas en la cartera.