Miscelaneas del Río de la Plata

La sopa no es un juego. Las letras se hacen jugo


miércoles, 27 de noviembre de 2013

Ómnibus que pasan en el Uruguay

Hacía falta probar una tarjeta argentina en un comercio y claramente tenía todos los números, así que esta tarde salí sorteada. Ómnibus número 71, hacia Avenida Brasil esquina Luis Cavia, Pocitos.
Le pedí al conductor que me avisara y me pidió que le recordara al doblar en Av. Brasil, lo cual hice, obteniendo como respuesta: creo que es la que viene.
Su inseguridad, combinada a la extraña coyuntura de que la siguiente parada era a una cuadra de la anterior, hizo que decidiera esperar una parada más, pasando la diagonal Luis Cavia a los 4 metros de la parada que inseguramente el conductor indicó.
Me bajé en silencio y volví hacia atrás, bajo una lluvia tenue, no tanto para llovizna.
Entré al comercio. Hice la prueba. Error. Mientras el cajero intentaba frenéticamente una y otra y otra vez, yo hablaba con el jefe de sistemas quien me decía, sí, ya estoy viendo el error... pa! decile que ya está, que no va a andar por más que le siga dando, no va a andar!
Salí del comercio. Tenía que buscar un taxi para ir al Shopping Punta Carretas, ver el posicionamiento de la marca, relevar si algún comercio no aceptaba la tarjeta y esas cosas que cada tanto es bueno hacer.
Los taxis pasaban ocupados y empezó a llover de costado. La lluvia ladeada integra el top ten de mis cambios de humor (junto a las hormonas, el hambre y otros siete). Decidí que hoy no iba a ser cada tanto, cruzar y volver a tomar el ómnibus para retornar a la oficina. Esperé un buen rato, hasta que al fin llegó el 71, destino Instrucciones. En un extremo de literalidad, volví a tomar el mismo ómnibus, mismo conductor.
Nos arqueamos cejas como diciendo henos aquí otra vez, pagué, me dio el boleto. Agarrás avenida Italia, no? Y sí, respondió. Por un momento pensé que me iba a preguntar si de todas formas me iba a bajar en Bv. Artigas, pero no lo hizo.
Llegué a la oficina, terminé lo que había interrumpido por la operación Pocitos y mi jefe me listó una cantidad de cosas para mañana. Cerré la computadora, los cajones y salí rumbo al hogar.
Frente a la oficina puedo tomar el 64 o el 21 que me dejan en la esquina de casa. Pasó el 300, el 222, el C4, el D9... y sí señores, el mismo 71 con el mismo conductor! Esta vez no me subí, pero el mutuo arqueo de cejas no faltó y la sonrisa sorpresa, tampoco.

martes, 26 de noviembre de 2013

Dos documentos, dos teléfonos
Un cuerpo con valija que va y que viene
Que viene y va
Monedas tripartitas reflejan el corazón triangulado
Tictac tictac
Ya vendrán

jueves, 7 de noviembre de 2013

Cosas que te pasan en el Uruguay


A mi amigo Johonny, quien se confesó amante de las crónicas uruguayas


I

Si la comparación es odiosa, la generalización es aun peor. No deja de ser un sesgo de realidad, una injusticia.
Que la subjetividad libre de pecado, tire la primera piedra.
En Montevideo los ómnibus hacen fila para levantar y bajar pasajeros. El espacio público es de uso público y así está pensado. Las bolsas del supermercado siguen siendo gratis. La cajera embolsa. Incluso a veces de forma ordenada (alimentos, limpieza, perfumería...). Parsimoniosa es siempre a ojos porteños. El tránsito ya no. La prioridad peatón va en franca retirada ¡Prioridad o muerte, venceremos!
¡Se viene, se viene... cannabis Monsanto! Transgénico ¿pegará más? Los liberales no dan puntada sin hilo ¿Querrán competir con la religión o con las industrias de algodón y nylon? La historia lo juzgará y probablemente antes que la justicia.
Montevideo habla de inseguridad y con seguridad la sufre. Superando la falacia de lo incomparable se impone la lógica invencible: la sociedad de consumo es bulímica y vomita violencia. Cuando no hay industria come a crédito y beware the bubble.
Mientras, el Estado defrauda al empleado público contratándolo como empresario unipersonal sin empresa y con dedicación exclusiva. Como buen divo, negrero.
Sin trabajo digno no hay transformación, hay una mierda de reforma y todavía intentarán culpar a la "extrema izquierda". Con la revolución francesa acabó la reforma no la izquierda.
Lo mejor del liberalismo y lo peor de la izquierda, parecieran por ahí cojerse los extremos alumbrando inconformismo.
Disculpen el tupé (coloquialmente, claro, el jopo envejeció con Axel Rose) y estén tranquilos, en seguida nomás se me pasa. El lunes se me henchina el corazón y guardo la capucha.


II

enviar un correo electrónico a un organismo público
que al día siguiente te respondan
que lo hagan dos personas distintas
que sus respuestas sean complementarias entre sí
que te respondan con calidad y calidez.
cosas que te pasan en el Uruguay


III

Cuando un artista callejero sube al ómnibus -y siempre sube- el conductor apaga la radio. Si te sacás los auriculares, el artista te agradece efusivamente. La mayoría del pasaje colabora con aplausos y monedas. El boleto hay que conservarlo, es cotidiano que el inspector suba y lo pida. Su objetivo no es controlar polizones, sino al conductor cobrador, figura que en la mitad de los casos, está desdoblada.
De arquitectura no sé nada. Cualquiera diría que a esta altura, ya sea por línea vertical u horizontal debiera entender un poco, de todas maneras, es la intuición la que me dice que la que impera en la mayoría de los barrios montevideanos es un factor determinante a esa sensación de tiempo detenido que se respira. La herrería de antaño se presenta artesanal, artística, dando casi gusto tener rejas. Esas rejas.
Hablando de seguridad, la de las empresas de caudales usa armas largas helando la sangre de cualquier transeúnte. Las tienen así, alegremente entre las dos manos, a la altura del pecho, mismo lugar al que se sabe va a disparar si lo considera necesario. Recuerdos del peor México se mezclan con este presente charrúa, en el que es cierto, no todo es color de rosa y menos en un día con lluvia y sin cucharita.


IV

Mi hermano es un cheto tecnológico. Y se va renovando constantemente, porsupu antes de que la tec se vuelva obsoleta. Su idea es: me compro un@ nuev@ y vendo est@. Pero mi hermano sistemáticamente pareciera olvidar que tiene esta hermana, que no invierte en tecnología porque suele romperla, perderla, bloquearla y entonces siempre anda necesitando algo que justo casualmente él estaba por vender, pero que claro, la necesidad familiar está primero y entonces él me da en préstamo su "vieja" netbook, su "antiguo" celular, esos préstamos sin interés y sin cuotas, esos préstamos que la hermana suele no devolverle porque las cosas se le rompen, se le pierden, se le bloquean... Por suerte la hermana no maneja.


V

Un taxi con fotos de Bakunin, Kropotkin y Barrett. Un pin de la lista 3...no llegué a leer...mártires de chicago. Un sticker del programa de radio "taxi obrero".
Ni una palabra me dijo. Ni una.


VI

Al sábado gris, siesta encantadora.


VII

No bien pisar Uruguay, Movistar te envía entre 8 y 15 mensajes para que compres paquete de SMS, paquete de datos, paquete de minutos, paquetes.
No bien pisar Argentina, Antel te manda dos mensajes, en el primero, te da la bienvenida a la Argentina y te recuerda que el Roaming genera cargos adicionales. En un segundo informa: la operadora que estás usando, el valor de la llamada local, el valor de la llamada a Uruguay, el de la llamada a otros, el de la llamada recibida, del sms enviado y de los datos. Además, los precios de los mismos items en una segunda operadora, para que elijas. Servicio vs. Acoso




De los últimos días en Buenos Aires

Llegó de casualidad, caminando por avenida Las Heras. Luego de un infructuoso trámite en cancillería y otro igual de infructuoso en el Colegio de Escribanos. Caminaba en un espiral de ira y paró allí en la Patisserie et café Monsieur Voltaire para almorzar. Con el corazón contento se piensa mejor.
Se sentó y observó el lugar, un rinconcito francés. Con ingredientes argentinos, eso sí, pero la ambientación, música incluida, era francesa. Tomó la pequeña carta y eligió un menú inteligente: un wrap de pollo con ensalada de lechuga morada y cherry, un vaso de limonada con menta y un café = $40. Todo le resultó muy rico. El queso untable con ciboulette en tostaditas condimentadas, un detalle de amor. Se animó. Para acompañar el café agregó una porción de tarta de manzana de no creer.
Por la ventana vio pasar caminando a una actriz norteamericana. No sabía el nombre, era de serie barata. Seguro que era ella aunque sea extraño que ande caminando por allí... Si estuviera en Cannes, tal vez.
Más raro es un grupo de jubilados hindoamericanos en la terminal de Retiro esperando el tren a Tigre y ayer pasó. Eran unos 15, iban con una joven traductora y los vejetes se manejaban con la típica impunidad del norte, pidiéndoles que achicaran el espacio entre persona y persona en la fila, en inglés of course, como si no fueran ellos los turistas.
Se preguntó a dónde irían en un día de tormenta se bajó en Vicente López y ellos siguieron viaje.
Le pareció mentira haber pagado $54 por ese almuerzo tan rico, en un lugar tan bonito.
Con el corazón contento, volvió a caminar y pensar cómo resolver el maldito apostillado de La Haya. Tanta integración latinoamericana, tanta hermandad rioplatense y los documentos aún se validan con un sello holandés.