Miscelaneas del Río de la Plata

La sopa no es un juego. Las letras se hacen jugo


sábado, 6 de agosto de 2016

La tripa sin filtro


El cuerpo, solo el cuerpo: las partes más poéticas como la piel, las pestañas y su subibaja seductor; la mirada de los ojos o su mera forma que redonda se valora enorme y rasgada misteriosa. Un detalle de la silueta o la silueta lentamente detallada. La comisura de los labios, el calor de dos o el imperio de uno.
Pero también las otras: las tripas revueltas por el veneno ingerido, inyectado, inhalado; el vientre retorcido por emociones atragantadas que más pronto que tarde intoxican contagiando de a milímetros cualquier otra emoción y como el gotero en el cartón, diluye el fondo que no es otra cosa que el envase: el cuerpo, solo el cuerpo.
Un rugido sordo anuncia la hora de deglutir en un reloj detenido. La piel cada vez más fina y amalgamada al hueso, cubierta de olvido y vergüenza ajena, la de los cientos de espejos diarios que señalan que mis ojos se hundieron en vez de ver en mis pómulos mi excentricidad, mi única exuberancia.
Solo el fracasado tiene algo para decir. Mis tripas saben de lo que hablo. Un parque soleado dentro un frío cuarto vacío. La hamaca que se mece sola. Sobre un banco de plaza, huellas de recuerdos no elegidos.
Ahí estamos mis inventos y yo, mis realidades (todas ellas) y cada personaje, cada voz que mora en mí, hiriendo o sanando, ordenando o preguntando.
Cinco días me llevó llegar al cuaderno y estaba frente a mí. Lo abrí buscando el sentido de la intuición, pero allí, cada vez es morir un poco.
Un latido desaforado, un cosquilleo eléctrico, toda la energía puesta en la muerte de una gigante roja.
O enloquecer. Entonces sólo es miedo: la consciencia de cada uno de mis nervios para saber cuándo muero y cuándo escribo.
Tenía guardada una pequeña hoja color vino, esperando por una luz que eternice el instante. La encontré ceca y retorcida como una araña muerta. No pude detener el paso del otoño. Las lágrimas me brotan hacia adentro.

jueves, 4 de agosto de 2016

Faro


Tu bote se hundió.
No pudiste evitar el naufragio.
Durante meses, años,
buceaste tu proyecto
perfecto
en desamparo
abismado a tu dolor.
Y yo, faro:
es acá
es acá, amor
es acá.
Había leído hacía poco:
el deseo
no apoya lo imposible.
Y qué mas da,
me dije,
si es o no es,
si hasta cuándo
o si solo disponemos
de un lugar
bajo la alfombra,
un mundo paralelo
en el que respiras
y suspiro.
- ¿Cuál es el plan, preciosa?
Juguemos al deseo.
La cama, el sillón, la cocina,
en primavera caminar
un rato
y volver corriendo
a recorrernos,
a sabernos de memoria,
juguemos al ideal.
Tenías
la guardia baja
el buceo es cansador.
Te caminé
con los labios,
las heridas
no eran en la piel.
Nunca hablaste
de ellas ni de ella.
Pero estabas allá,
en un pretérito que no era
perfecto ni pluscuamperfecto
Y yo, faro:
es hoy
es hoy, amor
es hoy
Conjugaste
imperfecto por presente
y apagaste la luz.
La ausencia
desbordó.
Mi abuelo decía:
cuando el agua baja
se lo lleva todo.
Yo quería
que me llevase
a mí.
Desagotar
los retazos de tiempo
compartido
que no
me dejan
respirar.
Olvidar
no hace presencia.
Olvidar
me volvió
desértica, arcillosa.
Cada lunar que se borra
en el recuerdo
se hace surco seco
maloliente
en mi propio
cuerpo.
Como si solo
un par de bacterias
hubieran estado allí.
Como si hubiera
vivido cadaver.
Mejor, inundación.
Que el techo
se caiga a pedazos
sobre mí.
Que me lastimen
los escombros.
Sangrar.
Borbotones rojos, tibios
algo de intensidad
que me extraiga
de este cuerpo
petrificado
por un amor
volcánico.