Miscelaneas del Río de la Plata

La sopa no es un juego. Las letras se hacen jugo


martes, 11 de septiembre de 2012

Efemérides

Saludé a mis padres por su aniversario número 39. Ellos se casaron en septiembre de 1973 y en mi memoria ese día era once. La memoria no es mi fuerte, salvo para algunos diálogos, frases, promesas, nunca para números y fechas. Esta vez no fue excepción. Al enviar un saludo virtual en seguida me dijeron que no, que catorce es el día.
Sin embargo, la confusión de fechas no fue antojadiza. Conocía bien la historia varias veces contada por mis padres. Hoy mi papá, luego de las gracias a mi salutación prematura, relató brevemente una parte de esa historia.
"El día 11 andábamos movilizados, las calles de Buenos Aires eran un hormiguero convulsionado por el golpe en Chile. El 14 nos casamos. Comenzamos la fiesta, parados sobre un pequeño escenario, pidiendo con el puño izquierdo en alto, un minuto de silencio por los caídos. Los pasaportes estaban en la embajada chilena para ser visados. Quedaron allí para siempre. Cambiamos nuestra luna de miel. De Valparaiso a un departamentito en Mar del Plata que por suerte alguien ofreció. La atrocidad, la alta traición de Pinochet, siguen entristeciéndome cada 11 de septiembre."
Puedo verlos caminar por las playas marplatenses no sin antes leer el diario, hablar con amigos, con la familia, siguiendo con conmoción el principio del horror chileno que los atravesó en uno de esos momentos felices de la vida.
Paradojas de la historia. Sarmiento, quien comparte efemérides con Allende (solo la muerte los hermana) escribió con carbón en piedra "las ideas no se matan" en la Quebrada de Humuaca al cruzar precisamente a Chile y comenzar su exilio. Las ideas no se matan. No se mueren. La letra con sangre no entra, solo sangra y hace herida. La herida es también una grieta. Por las grietas nos movemos los rebeldes. De la muerte hacemos vida, lucha, amor. Eso nos gritan hoy los estudiantes chilenos, como gritaron y gritan las madres, las abuelas, los sin tierra, los hombres de maíz, los de los altos, los mapuches, los toba, los docentes y educadores en lucha.
A Chile viajamos recién en el '97. Fuimos los cinco, en familia. Mi primer viaje en avión, mi primera (y última) puesta de ski, el maravilloso viaje por las casas de Neruda y uno de los recitales más emotivos que me tocó vivir: de la mano de LFC el estadio desbordó emoción, indignación y esperanza. Con Matador y Desapariciones lloramos todos, también mi padre quien solo pensaba acompañarme. Lloramos y gritamos, les gritamos con todo el cuerpo y en la cara a los carabineros que rodeaban el campo que Víctor Jara no calla y que sos mal bicho y así es como te ves.
La muerte alejó a mis padres de Chile en los setenta. La vida nos permitió pisar esas tierras casi 25 años después, en una democracia atada a fueros indignos.
No habrá justicia estatal para el pueblo chileno. La rata se murió impune. Herida-grieta que no sana pero revoluciona.