Hacía falta probar una tarjeta argentina en un comercio y claramente tenía todos los números, así que esta tarde salí sorteada. Ómnibus número 71, hacia Avenida Brasil esquina Luis Cavia, Pocitos.
Le pedí al conductor que me avisara y me pidió que le recordara al doblar en Av. Brasil, lo cual hice, obteniendo como respuesta: creo que es la que viene.
Su inseguridad, combinada a la extraña coyuntura de que la siguiente parada era a una cuadra de la anterior, hizo que decidiera esperar una parada más, pasando la diagonal Luis Cavia a los 4 metros de la parada que inseguramente el conductor indicó.
Me bajé en silencio y volví hacia atrás, bajo una lluvia tenue, no tanto para llovizna.
Entré al comercio. Hice la prueba. Error. Mientras el cajero intentaba frenéticamente una y otra y otra vez, yo hablaba con el jefe de sistemas quien me decía, sí, ya estoy viendo el error... pa! decile que ya está, que no va a andar por más que le siga dando, no va a andar!
Salí del comercio. Tenía que buscar un taxi para ir al Shopping Punta Carretas, ver el posicionamiento de la marca, relevar si algún comercio no aceptaba la tarjeta y esas cosas que cada tanto es bueno hacer.
Los taxis pasaban ocupados y empezó a llover de costado. La lluvia ladeada integra el top ten de mis cambios de humor (junto a las hormonas, el hambre y otros siete). Decidí que hoy no iba a ser cada tanto, cruzar y volver a tomar el ómnibus para retornar a la oficina. Esperé un buen rato, hasta que al fin llegó el 71, destino Instrucciones. En un extremo de literalidad, volví a tomar el mismo ómnibus, mismo conductor.
Nos arqueamos cejas como diciendo henos aquí otra vez, pagué, me dio el boleto. Agarrás avenida Italia, no? Y sí, respondió. Por un momento pensé que me iba a preguntar si de todas formas me iba a bajar en Bv. Artigas, pero no lo hizo.
Llegué a la oficina, terminé lo que había interrumpido por la operación Pocitos y mi jefe me listó una cantidad de cosas para mañana. Cerré la computadora, los cajones y salí rumbo al hogar.
Frente a la oficina puedo tomar el 64 o el 21 que me dejan en la esquina de casa. Pasó el 300, el 222, el C4, el D9... y sí señores, el mismo 71 con el mismo conductor! Esta vez no me subí, pero el mutuo arqueo de cejas no faltó y la sonrisa sorpresa, tampoco.