Miscelaneas del Río de la Plata

La sopa no es un juego. Las letras se hacen jugo


jueves, 29 de octubre de 2015



Una mesa redonda. Dos platos. Cena. Pastel de carne. Como fue tu día. Como fue mi día. Y ahora, hay algo de lo que tenemos que hablar”. Alicia Cano

De alguna manera te lo ves venir. La solemnidad de la cena es el ambiente ideal para luego de comer, vomitar la mierda que te cansaste de digerir. Porque nunca se trata de falta de amor sino de múltiplo de mierda. Ajena. Hubiera preferido un principio fin como ese.

Habíamos fundado una escuela de besos. Investigación práctica y teórica. El beso de esquina de sol y sus temporadas. El de murito: la unidad y la conjunción de besos y muros en una cuadra o dos. El beso de duna y sus variables: atardecer vs. amanecer. El beso imprudente, prendidos fuego en un bosque valizero. La pila de besos que te espera, que ya no puedo mantener, tenés que venir rápido antes de que se me caigan encima. El beso de amor.

¿Dije amor?

Un colchón en el piso. Una siesta invernal. Una cucharita. ¿Bonita estás despierta? Tengo dudas. Necesito un proyecto. Tuve un proyecto hermoso y no me logro desprender de él. Tengo la certeza de que la vida me va a volver a encontrar con ese proyecto, con esa mujer. Nuestro presente es lindo, pero mi pasado, el futuro. Y tengo dudas porque nosotros estamos muy bien, pero siento que es por inercia. Estaba yo tan mal… En síntesis, necesito un proyecto y no estoy seguro de quererlo contigo.

Me lo dijo al oído, cada-palabra-de-mierda, al oído. Despertando de la siesta, cuchareando. Solo pude balbucear que el futuro se construye desde un presente que desborda. Ni desde un presente incompleto ni desde un pasado interrumpido.

Una mesa rectangular, pequeña, sin manteles. Dos platos. El mío lleno, el suyo vacío. Él estaba alegre y livianito. Yo nunca pesé tanto. Nunca tuve el corazón tan roto.

Nos acostamos. Yo sabía que era la última vez y la disfruté como tal. Si vas a ser un recuerdo que sea bueno. Y fue notable. A mitad de la noche me desperté llorando. Me fui al colchón en el living, a la escena del crimen a revolcarme en su mierda. Me pregunté por qué no echarlo a la calle ahora mismo. Por qué tenerlo desnudo en mi cama, plácido y satisfecho cuando yo soy solo un cuerpo tajeado.

Vuelvo a la cama. Me abraza, me apoya, me besa. Está dormido y me dice te extrañé, no te vayas de nuevo. Amanece. Me pide que lo acompañe a la estación, está feliz, como siempre que pasamos unos días juntos. Me niego y me voy a trabajar. Creo que no estoy despierta aunque sé que no estoy dormida. Anestesiada tampoco porque me duele todo. Me insiste en que lo acompañe o que al menos nos encontremos para despedirnos. Accedo. Puta madre, siempre accedo.

Nos encontramos en un bar. Pedimos café porque es lo que se toma en conversaciones serias. Y entonces es mi turno. Describiste un mar de dudas y tu botecito de certeza es una mujer que no soy yo. Tu única certeza. Entonces no esperes a que la vida los encuentre. Encontrala vos, no pierdas tiempo. Es mi mejor deseo. A mí dejame tranquila. No me escribas, no me llames. Hoy estoy rota pero voy a estar bien. No puedo más que agradecer esta historia que me enseñó lo que quiero que me pase en el cuerpo y en la cabeza. Desde vos, no tengo fantasmas del pasado ni del futuro. Estoy iluminada, no sos vos. Soy yo la que puede amar así. Esa es mi mayor certeza. Mi única duda es en dónde pongo todo este amor que es tuyo.

Nos despedimos en una esquina a dos cuadras de la estación. Un abrazo, un beso de escuela. Una sonrisa suya, una caricia mía. Sé que se quedó viéndome ir y no me di vuelta.