Miscelaneas del Río de la Plata
La sopa no es un juego. Las letras se hacen jugo
jueves, 4 de agosto de 2016
Faro
Tu bote se hundió.
No pudiste evitar el naufragio.
Durante meses, años,
buceaste tu proyecto
perfecto
en desamparo
abismado a tu dolor.
Y yo, faro:
es acá
es acá, amor
es acá.
Había leído hacía poco:
el deseo
no apoya lo imposible.
Y qué mas da,
me dije,
si es o no es,
si hasta cuándo
o si solo disponemos
de un lugar
bajo la alfombra,
un mundo paralelo
en el que respiras
y suspiro.
- ¿Cuál es el plan, preciosa?
Juguemos al deseo.
La cama, el sillón, la cocina,
en primavera caminar
un rato
y volver corriendo
a recorrernos,
a sabernos de memoria,
juguemos al ideal.
Tenías
la guardia baja
el buceo es cansador.
Te caminé
con los labios,
las heridas
no eran en la piel.
Nunca hablaste
de ellas ni de ella.
Pero estabas allá,
en un pretérito que no era
perfecto ni pluscuamperfecto
Y yo, faro:
es hoy
es hoy, amor
es hoy
Conjugaste
imperfecto por presente
y apagaste la luz.
La ausencia
desbordó.
Mi abuelo decía:
cuando el agua baja
se lo lleva todo.
Yo quería
que me llevase
a mí.
Desagotar
los retazos de tiempo
compartido
que no
me dejan
respirar.
Olvidar
no hace presencia.
Olvidar
me volvió
desértica, arcillosa.
Cada lunar que se borra
en el recuerdo
se hace surco seco
maloliente
en mi propio
cuerpo.
Como si solo
un par de bacterias
hubieran estado allí.
Como si hubiera
vivido cadaver.
Mejor, inundación.
Que el techo
se caiga a pedazos
sobre mí.
Que me lastimen
los escombros.
Sangrar.
Borbotones rojos, tibios
algo de intensidad
que me extraiga
de este cuerpo
petrificado
por un amor
volcánico.