Miscelaneas del Río de la Plata
La sopa no es un juego. Las letras se hacen jugo
jueves, 14 de enero de 2016
último
una hoja
la muerte engaña zozobra
amanso su mano
no puede apuntar
le asesto
un último verso
una mentira
un reflejo
derrotero de vicios
mi desquicio
los ojos virtuosos
que amé al mirar
y las malditas miradas
que dejé juzgar.
juguemos mi bien
subamos al tren
saltemos antes
de llegar
besándonos
burlamos al edén
escrito mi bien
está, es verdad
en el muro
en la baldosa
inmunda
esa babosa
que mal quiere
calidad de tumba
y se le inunda
no hay macumba
no hay Mokèlé Mbembé
fijate nomás
te señalás con tres
arañas ancianas
lejanas insanas
las dudas las mudas
de ropa y calzado
con arma y granadas
el campo explotado
el niño abusado
la carne al alcance
la hora de cáncer
o cinco minutos
no importa
el reloj
solo
el punto.
lunes, 11 de enero de 2016
miamor
miamoramotuaroma
mimoseartumundo
tumorarmicuerpo
morandonosvamos
venimosvolvemos
miamoramoleerte
miescribirtepoemas
tujugardepalabras
discutiendonosvamos
crecemospensamos
miamoramotusbesos
micontartuslunares
tutocarmilimetrico
recorriendonosvamos
reimosjugamos
miamoramotusmanos
mimordertedespacio
tusonrisadeojos
mirandonosvamos
deseamosamamos
miamoramotuurgencia
micorrerlentamente
tupisarmistalones
apurandonosvamos
corremosllegamos
miamoramoencontrarnos
jueves, 29 de octubre de 2015
“Una mesa redonda. Dos platos. Cena. Pastel de
carne. Como fue tu día. Como fue mi día. Y ahora, hay algo de lo que tenemos
que hablar”. Alicia Cano
Habíamos fundado una escuela de besos. Investigación práctica y teórica. El beso de esquina de sol y sus temporadas. El de murito: la unidad y la conjunción de besos y muros en una cuadra o dos. El beso de duna y sus variables: atardecer vs. amanecer. El beso imprudente, prendidos fuego en un bosque valizero. La pila de besos que te espera, que ya no puedo mantener, tenés que venir rápido antes de que se me caigan encima. El beso de amor.
¿Dije amor?
Un colchón en el piso. Una siesta invernal. Una cucharita. ¿Bonita estás despierta? Tengo dudas. Necesito un proyecto. Tuve un proyecto hermoso y no me logro desprender de él. Tengo la certeza de que la vida me va a volver a encontrar con ese proyecto, con esa mujer. Nuestro presente es lindo, pero mi pasado, el futuro. Y tengo dudas porque nosotros estamos muy bien, pero siento que es por inercia. Estaba yo tan mal… En síntesis, necesito un proyecto y no estoy seguro de quererlo contigo.
Me lo dijo al oído, cada-palabra-de-mierda, al oído. Despertando de la siesta, cuchareando. Solo pude balbucear que el futuro se construye desde un presente que desborda. Ni desde un presente incompleto ni desde un pasado interrumpido.
Una mesa rectangular, pequeña, sin manteles. Dos platos. El mío lleno, el suyo vacío. Él estaba alegre y livianito. Yo nunca pesé tanto. Nunca tuve el corazón tan roto.
Nos acostamos. Yo sabía que era la última vez y la disfruté como tal. Si vas a ser un recuerdo que sea bueno. Y fue notable. A mitad de la noche me desperté llorando. Me fui al colchón en el living, a la escena del crimen a revolcarme en su mierda. Me pregunté por qué no echarlo a la calle ahora mismo. Por qué tenerlo desnudo en mi cama, plácido y satisfecho cuando yo soy solo un cuerpo tajeado.
Vuelvo a la cama. Me abraza, me apoya, me besa. Está dormido y me dice te extrañé, no te vayas de nuevo. Amanece. Me pide que lo acompañe a la estación, está feliz, como siempre que pasamos unos días juntos. Me niego y me voy a trabajar. Creo que no estoy despierta aunque sé que no estoy dormida. Anestesiada tampoco porque me duele todo. Me insiste en que lo acompañe o que al menos nos encontremos para despedirnos. Accedo. Puta madre, siempre accedo.
Nos encontramos en un bar. Pedimos café porque es lo que se toma en conversaciones serias. Y entonces es mi turno. Describiste un mar de dudas y tu botecito de certeza es una mujer que no soy yo. Tu única certeza. Entonces no esperes a que la vida los encuentre. Encontrala vos, no pierdas tiempo. Es mi mejor deseo. A mí dejame tranquila. No me escribas, no me llames. Hoy estoy rota pero voy a estar bien. No puedo más que agradecer esta historia que me enseñó lo que quiero que me pase en el cuerpo y en la cabeza. Desde vos, no tengo fantasmas del pasado ni del futuro. Estoy iluminada, no sos vos. Soy yo la que puede amar así. Esa es mi mayor certeza. Mi única duda es en dónde pongo todo este amor que es tuyo.
Nos despedimos en una esquina a dos cuadras de la estación. Un abrazo, un beso de escuela. Una sonrisa suya, una caricia mía. Sé que se quedó viéndome ir y no me di vuelta.
miércoles, 21 de octubre de 2015
Black Mirror
Como hija de mi madre, también fui
formada en el ateísmo, en el pensamiento científico y en la religión como opio
de los pueblos. Eso sí, siempre leí el horóscopo.
De niña una amiga me enseñó a tirar
las cartas. Pasamos el verano jugando hasta que me asustó acertarle tanto y
dejé de hacerlo.
Ya de grande, la curiosidad me llevó a una astróloga. Carta astral y revolución solar. No entiendo nada pero me resulta divertidísimo. Uno de los aspectos de mi carta dice que en vidas pasadas brillé en sociedades secretas, sectas, claustros y que en esta vida me toca salir a la luz. La astróloga me preguntó qué iba a hacer con la música, respondí que no más que escucharla. Siempre me gustó bailar pero en su momento no lo exploté y ahora aunque no parezca (porque me miro y no parece) mi cuerpo está obsoleto para cualquier tipo de destreza. Mi columna es una cordillera irregular, torcida y dolorosa. Mis músculos nacieron demasiado cortos y la falta de estiramiento oportuno me ha ido enrollando sobre mí misma.
Sin embargo, en ese no parecer lo
que es, puedo hacer cualquier cosa. No puedo más que darle la razón a la
astróloga y aceptar que sí, que puedo ser invisible, puedo camuflarme en
cualquier ambiente y que me muevo como pez en el agua siendo quien no soy.
Estoy convencida que de haber nacido una década antes, hubiera sido el alter
ego de Astiz.
En el liceo un matoncito me decía "cara de nada" y yo sufría horrores. Con el tiempo comprendí el don: Si soy nada, soy todo, bravucón. Con el tiempo y años de terapia. No por el matoncito sino por la neurosis pero uno de los temas que trabajamos fue esa sensación de desventaja que sentía por mi cuerpo atemporal y mi cara aniñada. Nadie me toma en serio, Silvia. Toda debilidad es un gran poder, dijo. A veces tiraba frases de sobre de azúcar. Usá tu creatividad, lo que tenés es un valor, buscale la vuelta.
Y recordé que en un antiguo trabajo, un compañero decía que lo que más le gustaba de mí era que podía tomar un vino de cartón en el cordón de la vereda y a los cinco minutos tomar el té en el Sheraton. Sos versátil, rubia, me dijo. Éramos tan jóvenes... Ese recuerdo me dio el puntapié.
Lo primero que trabajé fue explotar el estereotipo de rubia tarada. Una papa. Me salió fácil y fue realmente beneficioso. La gente suele ceder ante una mente inferior, más por hastío que por empatía. Algo así como que va a ser más fácil atenderte que explicarte que si la cortina está baja, está cerrado. Pareciera que no, pero funciona.
Lo siguiente que ensayé fue el desconcierto y salió de taquito. Pasar de Susanita a Libertad, en un chasquido. El mismo cuerpo, la misma ropa. Lo primero que cambia es la mirada, después la tonicidad muscular, la postura, el tono de voz y el conejillo de indias mira como si delante estuviera Hulk.
El tema es que la impunidad es hermana de la codicia y entonces los límites se vuelven demasiado elásticos.
Si nunca me cachean en los recitales, si ni con la luz roja me revisan en los aeropuertos, soy casi invisible. Entonces comprendí que fácilmente podía caminar la ilegalidad sin ser detectada.
La primera vez fue para tomar un avión local. Tenía 22 años y un tío empleado de una aerolínea que tenía boletos gratis para su grupo familiar. A la ida él me subió al avión mientras saludaba a todo el mundo. Tuvo su toque de comedia: él era un morocho contundente y me presentaba a mí como su hija. Sobrina, me convertiste en el cornudo de la empresa. Traeme un buen vino mendocino.
Para el regreso no tenía quién me subiera al avión, así que el domingo de mañana bien temprano memoricé el documento de mi prima, me hice dos trenzas y me presenté en la comisaría local. Denuncié que la tarde anterior tomando un jugo en la peatonal alguien se llevó mi cartera. En ella había un delineador negro, la billetera de tela tejida, tipo hippie, un juego de llaves y el documento. Me hicieron repetir la historia tres veces y salí con la constancia de hurto que me permitió subir al avión siendo mi prima. Salí sabiéndome caperucita después de desayunarse al lobo.
A partir de allí, todo se volvió vertiginoso. Rubia, el porrito llevalo vos que nadie te mira. Rubia, guardame esto que a vos no te revisan. Rubia, explicá vos que te creen todo. Rubia, rubia, rubia.
No soy traficante de drogas, de armas ni de órganos. No obtengo beneficios económicos de mis incursiones al lado oscuro (mamá te lo juro).
Puede que sea difícil de entender cuál es la motivación pero yo tampoco entiendo qué le ven a la montaña rusa.
martes, 5 de agosto de 2014
lo mira de arriba
pero ve desde abajo el lunar en su mentón
y sus dientes
asomando en cada una de sus sonrisas
le muerde el triángulo entre pómulo, nariz y ojo
podría arrancárselo ahora mismo
haría un enchastre
desiste, como cada vez que la invade el deseo de comerlo a pedazos
vuelve al lunar, al mentón y a su boca.
le gusta esta vista y esa otra medio ahogada por su propio pelo
recuerda el almuerzo, verlo cocinar bailando, feliz. delantal puesto y bermudas.
sus gemelos parecen torneados para la pequeña mano.
ella los recorre con la fluidez de los complementos
la boca se le hace agua de sólo pensar en hincar los dientes y tironear.
él cocina con pasión y ella se siente pechuga empanada en cereales
se cree repollo, tomate cherry y sésamo
servida con inspiración en el lienzo del artista.
va alejando el canibalismo pensándose comida.
lo huele
él lleva en su piel la exquisitez del mundo
pero ve desde abajo el lunar en su mentón
y sus dientes
asomando en cada una de sus sonrisas
le muerde el triángulo entre pómulo, nariz y ojo
podría arrancárselo ahora mismo
haría un enchastre
desiste, como cada vez que la invade el deseo de comerlo a pedazos
vuelve al lunar, al mentón y a su boca.
le gusta esta vista y esa otra medio ahogada por su propio pelo
recuerda el almuerzo, verlo cocinar bailando, feliz. delantal puesto y bermudas.
sus gemelos parecen torneados para la pequeña mano.
ella los recorre con la fluidez de los complementos
la boca se le hace agua de sólo pensar en hincar los dientes y tironear.
él cocina con pasión y ella se siente pechuga empanada en cereales
se cree repollo, tomate cherry y sésamo
servida con inspiración en el lienzo del artista.
va alejando el canibalismo pensándose comida.
lo huele
él lleva en su piel la exquisitez del mundo
jueves, 20 de febrero de 2014
Maracuyá, chocolate holandés y dulce de leche split.
En Uruguay el helado se mide en litros, la pizza que es rectangular, va por porción o por metro y la numeración de las calles va de a cincuenta números por cuadra.
Los conductores de ómnibus difícilmente conozcan la calle por la que preguntás, salvo que sea una muy importante. A la pregunta "¿vas por..." la respuesta es "no". Que va por la paralela no es una respuesta posible. Mientras que nadie, ni una sola alma Charrúa ubica la numeración de las calles. No importa si vas al 300 o al 1000, nadie sabe dónde queda nada si no decís la esquina.
En helados para llevar (o sea envase térmico con tapa), el mínimo es medio litro. No existe el de un cuarto.
Y aquí estamos, los tres del principio y yo, mirándonos, intentando adelantar si esta será solo una de dos batallas o si de guapa glotona en el transcurso de la tarde, gano la guerra.
En Uruguay el helado se mide en litros, la pizza que es rectangular, va por porción o por metro y la numeración de las calles va de a cincuenta números por cuadra.
Los conductores de ómnibus difícilmente conozcan la calle por la que preguntás, salvo que sea una muy importante. A la pregunta "¿vas por..." la respuesta es "no". Que va por la paralela no es una respuesta posible. Mientras que nadie, ni una sola alma Charrúa ubica la numeración de las calles. No importa si vas al 300 o al 1000, nadie sabe dónde queda nada si no decís la esquina.
En helados para llevar (o sea envase térmico con tapa), el mínimo es medio litro. No existe el de un cuarto.
Y aquí estamos, los tres del principio y yo, mirándonos, intentando adelantar si esta será solo una de dos batallas o si de guapa glotona en el transcurso de la tarde, gano la guerra.
jueves, 30 de enero de 2014
No te pares, no te mates
Un par de noches atrás, cuando todavía no tenía velador, aprontándome para dormir fui testigo de una escena que me impactó: una mariposa de ciudad, esa con cara de polilla, voló en picada hacia la pequeña vela sobre el escritorio. Supuse haber visto mal, esperé durante unos momentos a que se elevara del escritorio pero no sucedió. Todavía un tanto incrédula, me asomé y vi el cuerpo sin vida de la mariposa en la cera derretida. Curiosa manera de morir. Se me presentó como la escena dramática de una película de dibujos animados. Luego pensé que podría ser una buena metáfora literaria y durante días la mastiqué. Se arrojó cual mariposa a la lumbre de la vela. O también como advertencia: no vayas a terminar como mariposa... Ninguna me gusto, pero tenía la certeza de que la iba a encontrar y me dispuse a esperar paciente que en el momento menos pensado la metáfora llegara a mí.
Pero el que llegó fue Cortázar con su libro de prosemas y mapeos y prácticamente tiró por tierra mi esperanza literaria con el último verso de su Ley del poema:
"Como tu boca a la manzana,
como mis manos a tu senos
irá la mariposa al fuego
para danzar su última danza"
¿Será que está todo escrito?
Pero el que llegó fue Cortázar con su libro de prosemas y mapeos y prácticamente tiró por tierra mi esperanza literaria con el último verso de su Ley del poema:
"Como tu boca a la manzana,
como mis manos a tu senos
irá la mariposa al fuego
para danzar su última danza"
¿Será que está todo escrito?
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